¿Todavía no sabes qué es la huella ecológica?
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Actualidad Escrito por Lab RTVE

¿Todavía no sabes qué es la huella ecológica?

Descubre los tipos de huella y cómo podemos reducir nuestro impacto sobre el medio ambiente en estas seis claves.
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Es difícil conocer nuestra huella, pero podemos saber cómo reducirla

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¿Qué es?

La huella ecológica también se llama mochila ecológica. Es el efecto que tienen nuestros hábitos y costumbres en el medio ambiente; así podemos definir si una actividad es sostenible o no. Mide el terreno que necesitamos para producir y para asimilar los desechos que esa actividad genera. Es difícil conocer nuestra huella; pero sí podemos saber cómo reducirla. 
Todas las fases de producción generan huella. Podemos diferenciar entre cuatro tipos de huellas: la de suelo, la hídrica, la de carbono y la de materiales, que sirven para calcular la extensión de terreno, el consumo de agua, las emisiones de gases de efecto invernadero la cantidad de materiales que intervienen en todas las fases de producción.
Nos comemos el planeta. Consumimos más recursos y producimos más residuos que la biocapacidad del planeta de asimilarlos. La humanidad está consumiendo una cantidad de recursos naturales equivalente a 1,6 planetas. De seguir así, en 2020 se necesitarían 1,75 planetas, y 2,5 planetas en 2050Según los datos oficiales de Global Footprint Network, en España necesitamos en 2017 tres veces los recursos disponibles dentro de nuestro territorio (3,7 hectáreas) por persona.

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La utilización del terreno

La huella de suelo refleja la cantidad de terreno que hace falta para producir una materia prima. Las huellas muestran la cantidad total de recursos consumidos, sin entrar a juzgar cómo se usan estos. El verdadero efecto de la huella de suelo depende de la índole del terreno, de cómo se emplee y de si existen otros usos simultáneos. En el caso del cultivo de soja, más del 90% de su producción ocurre en solo seis países: Brasil, Estados Unidos, Argentina, China, India y Paraguay. Algunos de estos países dedican más del 80% de sus suelos a producirla,  para lo que se han deforestado zonas rurales que antes se dedicaban a la ganadería intensiva. Este 'boom' en el cultivo de la soja se debe al aumento de la demanda. Cerca del 75% de la producción mundial de soja se destina al pienso para animales criados a nivel industrial.

Para producir una hamburguesa
se necesitan 2.400 L. de agua

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El uso del agua

La huella hídrica indica el agua dulce que se utiliza para producir los bienes y servicios que consumimos. También se llama 'agua virtual' y se puede dividir en tres partes:
- La huella hídrica azul es el volumen de agua de superficie o subterránea que se introduce en producto y se devuelve al medio ambiente.
- La huella verde es el volumen de agua de precipitación que se evapora en el proceso productivo o incorporada en un producto.
- La huella gris es el volumen de agua contaminada en los procesos y que posteriormente es necesario diluir para eliminar la toxicidad.
En nuestras actividades cotidianas utilizamos más cantidad de agua de la que imaginamos. La principal huella hídrica es la que deja el sector de la alimentación. Por ejemplo, para producir una hamburguesa (150 g) se necesitan 2.400 litros; para producir 500 gr. de queso, 2.500 L. 
Conocer nuestra huella hídrica sirve para concienciarnos sobre un uso eficiente. 

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La extracción de materias primas

La huella de materiales nos indica el peso de los materiales extraídos del medio, incluyendo la mena en minería para la extracción de metales. Es decir, mide la cantidad de materias primas necesarias para fabricar algún producto o realizar alguna acción. También contempla la superficie consumida y la vegetación y arboleda afectada

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Las emisiones de CO2

La huella de carbono es la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero que produce el ser humano al fabricar un producto o realizar sus actividades diarias. 
La huella de carbono de cada uno depende del consumo y del tipo de hábitos que realicemos día a día. Cambiará en función del consumo de energía en el hogar, en el transporte (cuánto consume el coche, cuántos km realizamos, si se utiliza transporte público, si se va en bici, etc.) y en los hábitos de consumo o residuos (si consumimos alimentos ecológicos o de producción cercana, envasados, si reciclamos...).
La ganadería es uno de los emisores de gases de efecto invernadero más importantes, ya que el gas metano que emite es 23 veces más potente que el CO2. Un kilo de queso curado genera 12 kg. de CO2, utilizar teléfono móvil durante dos minutos al día produce 47 kg. de CO2 al año... Prácticamente todo lo que usamos, comemos y hacemos a lo largo del día produce CO2. La solución más urgente es reducir el consumo en general, reutilizar, reciclar y pensar en las alternativas a todo aquello que compramos y a nuestros hábitos de consumo.

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El impacto social de nuestros hábitos de consumo

De la huella ecológica se deriva la huella social. Es el impacto que tiene una actividad económica sobre las personas que viven y trabajan en un entrono social, económico y medioambiental. Es decir, las empresas que son respetuosas con los productores locales y apuestan por el comercio justo dejan un impacto social más positivo que otras empresas cuyos trabajadores están en condiciones precarias o de explotación laboral. En un enfoque macro, esta huella condiciona el nivel de educación, salud y el desarrollo de las sociedades. Por ello, esta huella nos da las claves para repensar los modelos de producción actuales y avanzar hacia sistemas sostenibles.