Revelando a Dalí: Rostro del Gran Masturbador - Lab RTVE.es | LAB RTVE.es

Para ‘Rostro del Gran Masturbador’ -Visage du Grand Masturbateur- Dalí elige una roca del cabo de Creus -en la que cree reconocer su propio retrato- como elemento central de t

El gran masturbador

Salvador Dalí pinta este óleo en el verano de 1929, en un momento crucial de su vida ya que acaba de volver de París, de rodar junto a Luis Buñuel 'Un perro andaluz'. Allí ha conocido a distintos artistas e intelectuales, como el gran poeta Paul Éluard, que le visita en compañía de (la que después se convertirá en su esposa) Gala Éluard en Cadaqués.

Su encuentro con Elena Diákonova, nombre original de la que a partir de ese momento se convertirá en su gran musa, le cambia y da como fruto esta obra, símbolo por excelencia de sus obsesiones sexuales. Gala se niega a regresar a París con el que hasta ese momento era su marido y decide quedarse al lado de Dalí. Esta decisión cambiará el rumbo de la carrera del artista.

Juntos comparten el esfuerzo de construir el personaje creativo, síntesis de los dos, y, según los expertos, Gala le ayuda a superar la pérdida de sus dos familias: primero la biológica, de la que ha sido ‘expulsado’ por su padre; luego la artística, después de que André Bretón lo rechazara en el movimiento surrealista.

Para ‘Rostro del Gran Masturbador’ -Visage du Grand Masturbateur- Dalí elige una roca del cabo de Creus -en la que cree reconocer su propio retrato- como elemento central de toda la composición, en la que se observa nítidamente la complejidad de su mente.

Desde niño, Dalí siente pánico del sexo, sobre todo al femenino, después de que su padre le enseñara unas fotografías de enfermedades venéreas para alejarle de los prostíbulos. Durante años, frena su impulso sexual desde la autocomplacencia y ve el sexo en pareja como algo repulsivo.

El pintor une aquí, bajo un mismo lienzo, todas sus obsesiones, fobias e inseguridades y juega a la distorsión de las proporciones, las sombras y las luces.

Hay saltamontes, que según él mismo explica en ‘La vida secreta de Salvador Dalí’ constituyen una de sus fobias desde la infancia. No por nada el insecto aparece succionando el rostro.

Hay una pareja abrazada, minúscula y al pie de la composición, que los expertos coinciden en señalar que se trata de los padres del pintor. Ella, petrificada, haciendo hincapié en que ya había muerto; él marchándose y con una sombra alargada, reflejo de la distancia que existe entre padre e hijo.

Hay un busto de mujer, femenina, sugerente, con los ojos cerrados y casi preparada para hacer una felación a la figura que se halla a su derecha.

Hay hormigas, que pronto se convierten en un icono recurrente de la obra de Dalí fruto de sus visitas al Museo de Ciencias Naturales de Madrid, que tan cercano se encuentra de la Residencia de Estudiantes donde vivió.

Es precisamente esta obra una de las primeras pinturas de su época surrealista, que se basa en el mundo de los sueños y el subconsciente, y fue expuesta en la primera muestra que el pintor ofreció en París.