Manouceca vive en Delmas, una zona de Puerto Príncipe muy castigada por el seísmo. Al menos, su casa es una construcción de cemento por lo que no se convirtió en una de los dos millones de haitianos que vieron cómo lo perdían casi todo con el terremoto.

En su barrio las contradicciones de Haití son patentes: frente a las tiendas de los desplazados por el terremoto, las fincas de la clase alta. Como muchos jóvenes, Manouceca sueña con emigrar.

El nuevo presidente, Michel Martelly, antiguo cantante de música caribeña, representa para ellos una tenue esperanza de estabilidad.