Conquista de Granada: Reestructuración de la nobleza

Isabel y Fernando contaron en la guerra de Granada con el apoyo incondicional de los nobles andaluces y castellanos, muchos de los cuales se habían rebelado ante la Reina en la Guerra con Portugal.

¿QUIÉNES SE HABÍAN REBELADO?

Todos ellos, tras la derrota de Portugal, acudieron prestos a pedir el perdón de la Reina.

¿QUIÉN SE MANTUVO FIEL?

Pedro González de Mendoza, confesor entonces de la Reina, además de algunos nobles castellanos y el duque de Medina Sidonia, quienes terminaron imponiéndose al ejército portugués en la Batalla de Toro el 3 de marzo de 1476.

¿CÓMO FUE EL PERDÓN DE LA REINA?

Los nobles vencidos no tardaron en acudir a la Corte para acogerse al perdón de la Reina. Ella obró con inteligencia sabiendo que les necesitaría para la guerra en Granada y les otorgó el perdón sin venganzas. Los nobles conservaron sus bienes, aunque alguno de ellos, como Álvaro de Stúñiga no pudo conservar el título de duque de Arévalo, villa donde residía la madre de Isabel. De este modo, le mantuvo el título de duque, pero de otro dominio: Béjar.

LA REFORMA DE LAS ÓRDENES MILITARES

Fundadas durante la Edad Media como instrumento para la guerra contra los musulmanes, estas instituciones político-religiosas servían al rey a cambio de prebendas, fundamentalmente territorios. Así, durante la reconquista los grandes maestres de estas órdenes se van haciendo con el control de buena parte de las tierras recuperadas, donde ejercían como auténtico señor feudal. Pero tras la rebelión nobiliaria, los reyes fueron conscientes del enorme poder de las órdenes y el peligro que suponía tenerlas en contra, así que decidieron hacerse con su control con el permiso de Sixto IV.

Los Reyes obtuvieron la bula papal que les otorgaba los maestrazgos. La primera de la que asumieron el control fue la de Santiago, la más importante de España y que acababa de perder a su maestre tras la muerte de Rodrigo Manrique. Al conocer la noticia de que los comendadores estaban reunidos, Isabel y Fernando viajaron a Uclés, sede de la orden, para bloquear el proceso.

En poco tiempo, Isabel y Fernando ostentaron los maestrazgos de todas las órdenes a perpetuidad y, con sus descendientes, este maestrazgo se convirtió en hereditario.

La incorporación de las órdenes militares a la Corona tuvo importantes consecuencias, tanto económicas como sociales a lo largo de la Edad Moderna. Desde entonces, nadie podría invocar el nombre de ninguna orden para tomarse la justicia por su mano.

-Orden de Santiago.

La Orden de Santiago se convierte en objeto de disputa política entre nobles y monarca durante el reinado de Enrique IV, que pone al frente a un hombre de su confianza, Beltrán de la Cueva. Luego, como resultado de la revuelta de lo nobles, va a parar primero a Alfonso de Castilla, su hermanastro, y luego a su principal enemigo, Juan Pacheco, marqués de Villena. Pacheco lega el título a su hijo Diego.

Como resultado del descontento provocado por este movimiento, se hace con el maestrazgo Alonso de Cárdenas, que lucha a favor de Isabel en la guerra de sucesión. Alonso de Cárdenas acompaña a los reyes en la Guerra de Granada e incluso es el responsable de la frontera oeste, con base en Écija. A la muerte de Cárdenas, el maestre pasa a ser el rey Fernando.

-Orden de Calatrava.

Esta orden tiene su base en la ciudad de Calatrava, en Ciudad Real, y consigue muchos territorios durante la reconquista andaluza. Esta orden también tiene su implicación en las luchas entre nobles y reyes. Pedro Girón, hermano de Juan Pacheco, llega a ser su gran maestre, cargo que deja a su hijo, Rodrigo Téllez de Girón, con tan solo ocho años. Téllez de Girón lucha en el bando de Juana la Beltraneja pero posteriormente se une a la causa de la guerra de Granada por las posesiones que tiene la orden en Jaén. Muere en la frustrada toma de Loja de 1482, Cinco años después, el rey Fernando logra hacerse con su dominio por bula papal en 1487 al morir su sucesor, García López de Padilla.

-Orden de Alcántara.

Creada en la frontera con Portugal, esta orden tenía sus principales tierras en Cáceres y en la zona este del país, cerca de Murcia. Juan de Zúñiga, su gran maestre, participa activamente en las principales batallas de la Guerra de Granada: desde la toma de Loja y Vélez-Málaga hasta el sitio de la capital malagueña y el de Baza, en Granada. Está presente en la firma de las Capitulaciones de Santa Fe y en 1492, ante el deseo del rey Fernando de hacerse con el control de todas las órdenes militares, deja el cargo.

-Orden de Montesa.

La orden militar de la Corona de Aragón también participa en la guerra y está igualmente sometida a las tensiones entre la nobleza y la monarquía. Fernando impone a su sobrino, Felipe de Aragón y Navarra como gran maestre, aunque éste muere en 1488 en la toma de Baza.

QUÉ ERA LA SANTA HERMANDAD

En las Cortes de Madrigal, los Reyes Católicos además de acuñar moneda establecieron las bases de la Santa Hermandad en Castilla, creada para combatir el desorden de aquellos nobles rebeldes y desleales. Se considera como un precedente de la Policía y la Guardia Civil y fue en todo momento un elemento de control y autoridad de los reyes sobre los nobles.

Cuando empezó la Guerra de Granada este cuerpo pasó a convertirse en milicia y, por tanto, en germen del ejército español desviándose de su misión original, por lo que se volvieron a vivir episodios de inseguridad en los campos.

La Santa Hermandad no era un cuerpo permanente y se iba renovando en cada una de las cortes que se celebraban. A partir de 1498 vuelve a ser una fuerza de orden local y abandona su papel militar y empieza un declive constante hasta su desaparición en el siglo XIX.

En la época de las Reyes Católicos la Santa Hermandad era presidida por el obispo de Cartagena, Lope de Ribas y su capitán general era Alfonso de Aragón, hermanastro del rey Fernando. Sus finanzas acabaron estando en manos de Abraham Senior, destacado financiero judío vinculado a los monarcas. Se financiaba a través de un impuesto que grababa todas las ventas excepto la carne.

LOS NOBLES EN LA RECONQUISTA

La Reina no tardó en cobrarse mediante tributos y apoyo militar el perdón sin venganzas, siendo clave el apoyo de los nobles andaluces en algunas batallas del final de la Reconquista.

Los más decisivos fueron el duque de Medina Sidonia y el marqués de Cádiz. El primero tenía en su poder algunas de los enclaves más importantes de Sevilla, como el Alcázar o el puente de Triana, por lo que controlaba el importante tráfico fluvial por el Guadalquivir.

A Galicia viajaron juntos Isabel y Fernando, para poner orden ante la falta de sometimiento de algunos nobles gallegos, como el conde de Lemos, que fue obligado a prometer obediencia además de ser castigado por su falta de lealtad.

Otro noble, Fadrique de Alba, II duque de Alba, fue determinante en la unidad de España al luchar mano a mano con Fernando el Católico tanto en Granada como en el Rosellón, en 1503. Los Reyes Católicos recompensaron su fidelidad con títulos y tierras, que él incorporó a la Casa de Alba.

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