Conquista de Granada: el príncipe moderno

'El príncipe', de Nicolás de Maquiavelo, refleja la nueva forma de líder político que se perfila en el Renacimiento frente a los elementos feudales de la Edad Media. Uno de los modelos que sigue el filósofo italiano para definir cómo tiene que ser ese nuevo 'príncipe' es el de Fernando el Católico, del que dice que 'se ha convertido por su propio mérito y gloria, de rey de un pequeño Estado en primer soberano de la Cristiandad. Pero, ¿por qué Fernando pudo ser un rey 'maquiavélico?

Maquiavelo aconseja a todo príncipe que tenga presente siempre la próxima batalla y eso será especialmente cierto en el caso de Fernando, que siempre tuvo alguna guerra en el horizonte. Comandará las tropas de Isabel en la guerra de sucesión (1475-79) y la de Granada (82-92). Luego estuvo presente en la primera (1494-1498) y la segunda guerra italiana (1501-1504). También tomó Melilla (1497), Mers-el-Kebir (1505) y Orán (1509) en el norte de África, el Rosellón francés (1503) y Navarra (1513)

Maquiavelo sostiene que Fernando fue un maestro en el empleo de la defensa de la Iglesia Católica en función de sus intereses expansionistas. Primero, para pedir dinero para la invasión de Granada, luego para expulsar a los judíos y cimentar la unidad del estado en torno a una sola confesión. También utilizará la religión para expandirse por el norte de África a costa de los turcos y por la península itálica con el pretexto de defender Roma frente a los franceses.

Todo príncipe tiene a acumular poder, lo que en la Europa del siglo XVI y XVI supone quitárselo a los nobles. Hasta entonces, el rey era el primero entre los nobles; ahora se trata de lograr de esos nobles una sumisión absoluta al príncipe, de forma que no quede hueco de poder. Fernando embarca a los nobles castellanos en la empresa de Granada mientras les va quitando poco a poco su mayor poder, las órdenes militares, que pasará a dirigir a finales de siglo.

A cambio, potencia una nueva nobleza sometida a sus deseos y encargada fundamentalmente de los asuntos militares, dejándole a él los políticos. Los máximos representantes son Fabrique, duque de Alba, y el propio Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán.

La liberación de Boabdil para que emprendiese una guerra civil contra su padre es la primera de las jugadas maestras de Fernando, capaz de cambiar alianzas para salvaguardar sus intereses.

Durante su reinado con Isabel lleva a cabo una política matrimonial orientada a aislar a Francia con lazos con Portugal, Austria e Inglaterra. Compromete a su hija mayor, Isabel, con el heredero de la corona de Portugal Alfonso y luego con su hermano Manuel cuando éste fallece. Similar es el caso de Catalina, comprometida primero con Arturo y luego con Enrique de Inglaterra. El heredero castellano, el infante Juan, se compromete con Margarita de Austria.

La muerte de los infantes Juan e Isabel rompe quiebra estas alianzas pero los reyes no dudan en renovarlas: María se casa con el rey de Portugal y Juana con el heredero austríaco, Felipe el Hermoso.

Sin embargo, la muerte de Isabel y el posterior enfrentamiento con su yerno, Felipe el Hermoso, provoca un giro de 180 grados en su política: se alía con el enemigo francés al casarse con la sobrina del monarca galo, lo que amenazó con volver a separar Castilla y Aragón si lograba descendencia masculina. Solo su muerte hizo que esta idea quedase enterrada.

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